J.R. Moehringer

El bar de las grandes esperanzas: la historia de J.R. Moehringer que huele a clásico

El bar de las grandes esperanzas de J.R. Moehringer“Una novela que solo se sostiene por el argumento y en una forma archiconocida, esa novela se acabó; se va a seguir haciendo ese tipo de novelas y por muchísimos años, pero esa novela ya está acabada”, decía en los 80 el gran Roberto Bolaño, quien exploró otras formas y otros medios no argumentativos de construir una novela.

Sin embargo, este tipo de novelas clásicas, decimonónicas y hasta lineales, que tanto aborrecían al chileno –y como él mismo anticipó–, siguen escribiéndose, publicándose y disfrutándose, porque ¿a quién no le gusta que le narren una buena historia de un modo más o menos lineal?

Este es el caso de El bar de las grandes esperanzas, del neoyorquino J.R. Moehringer (1964), escritor y periodista que ha obtenido el Pulitzer en 2000 y ganado fama internacional gracias a Open, biografía del tenista estadounidense Andre Agassi.

Fue gracias a ese éxito mundial, más o menos impensado o inesperado, si se quiere, que en español Duomo decidiera publicar la historia decimonónica y lineal que al parecer a Moehringer le llevó años, tal vez décadas, quizá toda una vida escribir, y que apareció originalmente en 2005: The Tender Bar, traducida con buen tino por Juanjo Estrella con el mencionado y excelente título.

Tironeado entre los abuelos maternos, su abnegada madre y el bar ubicado en el centro paradigmático de Manhasset (barrio real donde Francis Scott Fitzgerald ubicó la mansión de su Jay Gatsby), J.R. –o JR, sin puntos, según su predilección– lleva adelante una casi desesperada búsqueda ante la ausencia casi innata del padre, sólo reconocible en su voz de locutor radial.

La búsqueda de la masculinidad, de lo masculino en lo cual identificarse y reconocerse, pues, es el eje principal sobre el que Moehringer construye esta encantadora y apasionada historia; linealmente y de punta a punta: desde la infancia hasta su adultez definitiva de JR, cuando al fin la encuentra tras algunas traumáticas pero necesarias experiencias.

El bar de las grandes esperanzas es un homenaje a la narrativa y a las palabras. Ese bar con nombre particular, Dickens/Publicans, es el sitio donde poetas, policías, apostadores, soldados, boxeadores, estrellas de cine, especuladores de Wall Street y hasta algún vago, tienen una historia que contar. Y es allí donde el desorientado JR halla un oriente o, al menos, una forma de nombrarlo y, por ende, de narrarlo.

En esta novela no pasa otra cosa que la vida y, en ese sentido, Moehringer es el mejor heredero posible del gran John Irving; más que del Scott Fitzgerald del barrio en común, porque nuestro autor no pretende escribir la ya mítica ‘gran novela americana’ sino la historia íntima y honesta, como tantas otras, sobre las cuales se levanta lo cotidiano, la vida misma.

En este libro pasa la vida de un chico neoyorquino de clase media-baja que cada día alimenta la esperanza propia y la de su familia para frustrarla al siguiente, jornada tras jornada, sea por decisión propia, en algún momento y de algún modo patológica, o por imperio de las circunstancias. Pero allí, a poco más de cien pasos, como consuelo, como placebo, siempre está el bar…

Demos gracias a Bolaño, que dio por muerta la novela clásica, pues eso le permitió escribir genialidades; y demos gracias que, como el chileno advirtió, la novela clásica sigue escribiéndose para que podamos fascinarnos con ellas como lo haría Schariar. Y volvamos a dar gracias porque de otro modo no hubiéramos tenido la ocasión de leer a un narrador conmovedor como J.R. Moehringer.

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